otras 6 causas por las que no llegas al orgasmo
12 causas reales y que puedes hacer. No estas rota ( 2º parte)
por Lola Dacosta Sex coach
Si has llegado hasta aquí es porque ya te leíste la primera parte. Allí desmontamos mitos de mierda como que todo depende del tamaño del pene o de la penetración, y metimos mano a la carga mental, el estrés y los fármacos.
Pero aún nos quedan seis melonazos que escucho día sí y día también en nuestro Centro de Educación Íntima en Bilbao. Cosas del cuerpo, pajas mentales y, sobre todo, toneladas de desinformación. Vamos a meter el bisturí sin rodeos.
7. Tu cuerpo ha cambiado… y tú sigues exigiéndole que funcione como a los 20 “Lola, es que antes llegaba al orgasmo corriendo”.
Claro, cariño. Y antes tampoco tenías las canas, los dolores ni la vida que tienes hoy.
Nos han vendido la moto de que la respuesta sexual tiene que ser una máquina inalterable. Mentira. Cambia con la edad, las hormonas, un parto, la menopausia, una cirugía, el estrés o los tratamientos médicos.
En vulvas: Aparece sequedad, la lubricación espontánea se toma su tiempo y el mapa de sensibilidad se redibuja.
En penes: La erección necesita más leña, más tacto y el orgasmo se siente desde otra trinchera. Es frecuente que las erecciones necesiten más estimulación, sean menos rígidas o tarden más en aparecer, sin que eso implique una pérdida de la capacidad para disfrutar del sexo.
¿Significa que el placer ha muerto? Ni de coña. Significa que ha cambiado el mapa. Quizá ahora un lubricante potente sea tu mejor aliado, o un buen vibrador, un estimulador o un anillo te regalen sensaciones que antes ni sospechabas. La sexualidad no se acaba porque el cuerpo cambie; lo que se acaba es la dictadura de creer que siempre tienes que responder igual y lo real es que cambia el ritmo al que aparece la excitación y la intensidad del orgasmo.
Quizá el aceite íntimo que he creado se convierta en un gran aliado.
Quizá un vibrador, un anillo para el pene, un estimulador o cualquier otro juguete erótico abra la puerta a sensaciones que antes no necesitabas o que ni siquiera habías imaginado.
Quizá el placer ya no se parezca al de hace diez años.
Y no pasa nada.
Porque una vida sexual satisfactoria no consiste en reproducir lo que funcionaba antes, sino en descubrir qué funciona para la persona que eres hoy.
El placer cambia contigo.
Tu cuerpo cambia contigo.
Y aprender a escuchar esa nueva versión de ti también forma parte de una sexualidad sana.
WASABI LERELÉ
8. Esperas que tu pareja descubra un mapa que ni tú te has molestado en explorar
Me sigue dejando a cuadros: hay gente que se conoce al dedillo las especificaciones de su teléfono móvil y no tiene ni puñetera idea de cómo funciona su propia vulva o su pene.
Esperas que la otra persona adivine por telepatía qué ritmo te pone, qué presión te vuela la cabeza o cuánta intensidad necesitas. Y claro, cuando falla, aparece el rebote. Pero a ver: ¿cómo coño va a acertar alguien si tú ni te has mirado con un espejo ni te has tocado sin prisas?
La masturbación no es solo para darte un homenaje rápido. Es autoconocimiento puro, una herramienta punk de soberanía corporal. Explora sin expectativas, a tu ritmo y sin rendir cuentas a nadie. Cuanto mejor conozcas tu anatomía, mejor sabrás guiar a quien invite a tu cama.
9.Tu cerebro está aburrido de hacer siempre el mismo camino
Nuestro cerebro aprende rápido. Rapidísimo. Y con el placer también hace sus deberes.
Si llevas años masturbándote con el mismo movimiento, la misma presión, el mismo juguete y casi siguiendo el mismo guion… normal que tu cuerpo diga: «Vale, reina, esto ya me lo sé».
Pero ojo: no has perdido sensibilidad. No te has roto. .
Simplemente te has aprendido demasiado bien el camino de siempre. Así que toca salirse de la carretera.
Cambia el ritmo. Cambia la presión. Explora otras zonas. Juega con sensaciones nuevas. Prueba un juguete distinto. Hazlo de otra manera. Sola, acompañada, como te dé la gana.
Porque el placer no debería ser una rutina de gimnasio con repeticiones programadas.
La rutina da seguridad.
La curiosidad da juego.
Y el cuerpo, cuando le das permiso para improvisar, suele tener bastante más imaginación de la que creemos.
A veces no necesitas “más”.
Que usaría yo para llegar al orgasmo, en pareja y durante la penetración
10. Hay dolor… y te has acostumbrado a tragar con él
El sexo NO tiene que doler. Jamás. Ni en vulvas ni en penes.
Punto.
Y sin embargo, me llega un montón de gente al centro que ha normalizado el dolor porque “bueno, son cosas de la edad” o “ya se me pasará”. No te resignes. El dolor es una alarma de tu cuerpo y hay que escucharla: puede ser sequedad, cambios hormonales, una cicatriz, vaginismo, endometriosis, problemas prostáticos o la enfermedad de Peyronie.
Cuando tu cerebro asocia la penetración o el roce con el dolor, se pone en modo defensa. Y un cuerpo que está apretando los dientes para protegerse jamás va a soltarse para llegar al orgasmo. Deja de aguantar el tipo, pide ayuda profesional y recupera tu derecho a disfrutar sin sufrir.
11. No habláis de sexo en la cama… pero queréis que sea de película
Sois capaces de discutir dos horas por el destino de las vacaciones o por quién saca la basura, pero en la cama os entra un mutismo ridículo.
Decir “más despacio”, “ahí me chifla” o “por ahí no me apetece” no rompe la magia; la crea. Rompamos con la tontería de que el buen sexo es cuestión de intuición. Las parejas que mejor se lo montan en la cama son las que hablan, se ríen, se equivocan, prueban trastos nuevos, preguntan y se quitan la vergüenza de encima. Tu pareja no es vidente. Una frase a tiempo en el oído hace más por tu vida sexual que la postura más acrobática del Kamasutra.
12. Has convertido el orgasmo en un examen con nota
Esta es la trampa más perversa de todas. Cuanto más persigues el orgasmo, más rápido sale corriendo.
Te pones en la cama pensando: “Hoy sí que sí, tengo que llegar”. Y en medio del meollo, en lugar de estar sintiendo la piel o el calor, tu cabeza empieza a procesar: ¿Estaré tardando mucho? ¿Se estará aburriendo? ¿Voy a defraudar otra vez?
Felicidades: te has convertido en la fiscal de tu propio placer. El orgasmo no responde a órdenes militares. Aparece cuando te sientes segura, presente y con ganas de pasártelo bien. Cambia el chip: en vez de obsesionarte con la meta, pregúntate si estás gozando del camino. El orgasmo no es una obligación, es solo la guinda del pastel.
El placer se aprende y no rinde cuentas a nadie
Tras años de escucha en el Centro de Educación Íntima, lo tengo clarísimo: la mayoría no tiene un problema en la entrepierna, tiene un empacho de mitos y exigencias sobre cómo “debería” ser su sexo. Nos han vendido un modelo rápido, perfecto y de película que no encaja con la vida real.
No estás aquí para aprobar ningún examen ni para cumplir con nadie. Estás aquí para descubrirte, pasártelo bien y mandar a la mierda la culpa. El mejor orgasmo no es el más rápido: es el que se disfruta con libertad y sin pedir perdón a nadie.
FIrmado:
Lola Dacosta
sex coach












