Cómo retrasar la eyaculación

causas, diferencias y soluciones

por Lola Dacosta Sex coach

Si estás buscando cómo retrasar la eyaculación porque sientes que te corres demasiado rápido, vamos a empezar por algo importante: no necesitas convertirte en una máquina sexual ni aprender a aguantar durante horas. De hecho, obsesionarte con cuánto tiempo duras puede acabar jugando en tu contra. Si cada vez que tienes sexo estás pendiente del momento en el que vas a eyacular, contando mentalmente los minutos y pensando “otra vez me voy a correr demasiado pronto”, es bastante difícil que disfrutes.

Lo que sí puedes hacer es aprender a conocer mejor tu excitación y a reconocer cuándo estás llegando demasiado lejos. Porque la eyaculación no aparece de repente.

Antes de llegar al orgasmo hay un momento en el que notas que la excitación está subiendo y que, si continúas exactamente igual, ya no vas a poder frenarla. Ese es el momento que nos interesa.  Esto se llama inminencia eyaculatoria.  No cuando ya estás a punto de eyacular, sino un poco antes.

Aprende a reconocer cuándo estás llegando al límite

Si nunca te has fijado en esto, empieza durante la masturbación. En lugar de hacerlo siempre con la misma velocidad y esperando únicamente a terminar, presta atención a lo que ocurre en tu cuerpo mientras aumenta la excitación. Fíjate en la respiración, en la tensión muscular, en las sensaciones del pene y en ese momento en el que empiezas a pensar que, como sigas así, te vas a correr.

Ese momento es importante porque todavía tienes margen para cambiar lo que estás haciendo. Si esperas hasta el último segundo, probablemente ya no haya mucho que puedas controlar. Por eso, una de las primeras cosas que puedes trabajar es precisamente aprender a identificar ese límite. 

Porque, curiosamente, estar obsesionado con no eyacular tampoco ayuda demasiado.

Así que vamos a desmontar el asunto.

¿Se puede aprender a retrasar la eyaculación?

En muchos casos, sí.

Existen diferentes estrategias para mejorar el control eyaculatorio: técnicas conductuales, educación sexual, trabajo del suelo pélvico, cambios en los hábitos de masturbación, control de la excitación y, cuando está indicado, tratamientos médicos.

Una de las técnicas que se utilizan para trabajar el control de la eyaculación es el método stop-start. Es bastante sencillo: durante la estimulación, cuando notas que la excitación está llegando a un nivel demasiado alto, paras o reduces la estimulación y esperas a que esa sensación disminuya. Después vuelves a empezar. 

Puedes practicarlo durante la masturbación para aprender a moverte entre distintos niveles de excitación sin eyacular. Repites  3 veces y la 4 eyaculas. No se trata de pasarte media hora parando cada vez que notas algo. Lo interesante es aprender a reconocer ese punto, la inminencia eyaculatoria. 

Las técnicas conductuales como esta forman parte de las estrategias utilizadas para abordar la eyaculación precoz, aunque no funcionan igual en todas las personas. 

Por eso tiene más sentido entenderlas como una herramienta que puedes incorporar a tu forma de vivir el sexo, y no como un truco mágico que garantiza que vas a durar más.

Durante el encuentro: cambia el ritmo

Una cosa es practicar durante la masturbación para aprender a reconocer cuándo estás llegando al límite y otra muy distinta es aplicar ese control cuando estás en pleno encuentro erótico. Porque ahí no quieres estar pensando todo el rato en “stop, start, stop, start” como si tuvieras un mando a distancia entre las piernas.

De hecho, aprender a jugar con los ritmos puede ser una de las mejores maneras de mantener la excitación sin dejar que se dispare. También puedes cambiar de actividad durante el sexo. La penetración no tiene por qué mantenerse todo el tiempo al mismo ritmo y, desde luego, no es obligatorio continuar con ella hasta que eyacules. Puedes parar, besar, tocar, estimular a tu pareja o cambiar de posición. Así el sexo deja de ser una carrera directa hacia el orgasmo y empieza a convertirse en algo que puedes ir regulando.

El biorritmo del encuentro

Ahora vamos a llevar todo esto a la cama. Porque una cosa es entrenar el control durante la masturbación y otra muy distinta es utilizarlo cuando estás con tu pareja, excitado y con el cerebro diciendo “¡dale, dale, dale!”.

La idea es sencilla: no mantengas siempre el mismo nivel de intensidad. Empieza con calma, deja que la excitación suba poco a poco y, cuando notes que te estás acercando demasiado al límite, cambia de marcha antes de que sea tarde.

1. Empieza despacio

No tienes ninguna necesidad de entrar a saco desde el primer minuto. Empieza con un ritmo que te permita disfrutar y, sobre todo, notar cómo responde tu cuerpo. Si desde el principio vas al máximo, después tendrás mucho menos margen para regular la excitación.

2. Sube cuando tengas margen

Cuando notes que estás cómodo y todavía tienes bastante control, puedes aumentar el ritmo y la intensidad. La gracia está en que seas tú quien decida cuándo acelerar, no tu excitación la que te lleve puesto.

3. llega al límite y  cambia de marcha

Aquí es donde entra lo que hemos trabajado antes. Si notas que estás llegando demasiado rápido, no esperes al último segundo. Reduce el ritmo, cambia la intensidad, cambia de postura o pasa durante un rato a otra forma de estimulación. No necesitas parar el encuentro: necesitas bajar la excitación antes de que se dispare.

4. Vuelve a subir

Cuando notes que has recuperado margen, puedes volver a aumentar la intensidad. Así vas creando un ritmo con subidas y bajadas en lugar de mantener el acelerador pisado hasta que Flash Gordon decida que se acabó la película.

5. Y repite

Con la práctica, la idea es que aprendas a moverte entre diferentes niveles de excitación sin sentir que cada subida termina inevitablemente en eyaculación. No se trata de aguantar por cojones. Se trata de aprender a conducir tu excitación.

Y sí, tu cabeza también participa

Hay otra parte de todo esto que no podemos ignorar. Si antes de empezar ya estás pensando que vas a eyacular demasiado rápido, es fácil acabar pendiente de cada sensación. En lugar de disfrutar, estás vigilando: “¿Cuánto llevo?”, “¿me voy a correr?”, “¿otra vez va a pasar?”. Y así, hasta el polvo más sencillo acaba pareciendo un examen.

La ansiedad de rendimiento puede aumentar esa tensión y crear un bucle bastante cabrón: te preocupa correrte rápido, te pones más tenso, ocurre y la próxima vez vuelves a preocuparte.

Por eso, aprender a retrasar la eyaculación también significa dejar de convertir cada encuentro en una prueba de rendimiento. Menos cronómetro mental y más disfrutar de lo que está pasando

No tienes que demostrar cuánto duras. No tienes que conseguir una marca personal. Y desde luego no necesitas compararte con el porno, con tus amigos o con el supuesto récord sexual del vecino del quinto.

El suelo pélvico también cuenta

El suelo pélvico participa en la función sexual y aprender a controlarlo puede formar parte del trabajo para mejorar el control eyaculatorio. Pero aquí hay una pequeña trampa: se ha puesto muy de moda hacer Kegels como si fueran abdominales. Y no, apretar más no significa necesariamente controlar mejor.

Primero tienes que aprender a identificar esa musculatura y, sobre todo, a contraerla y relajarla correctamente. Si tienes dolor, tensión en la zona pélvica o no estás seguro de estar haciendo los ejercicios bien, merece la pena consultar con un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico.

Y no necesitas pasarte el día apretando el culo como si estuvieras intentando contener una explosión. El objetivo es aprender a controlar esa musculatura, no vivir permanentemente en tensión.

Si la sensibilidad del glande tiene mucho que ver contigo

Ahora bien, quizá tu problema no sea únicamente que te excites demasiado rápido. Puede que sientas que tu glande es especialmente sensible y que determinadas formas de estimulación hacen que pases de estar disfrutando a estar prácticamente al borde de la eyaculación en muy poco tiempo.

Si crees que la sensibilidad está jugando un papel importante, te doy 3 opciones que debes valorar.

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No necesitas solucionar esto tú solo

Si te ocurre de forma habitual, te genera frustración o sientes que casi nunca puedes controlar cuándo eyaculas, hablarlo con un profesional sanitario también es una opción. Y si el problema ha aparecido de repente después de una etapa en la que no tenías dificultades, especialmente merece la pena consultarlo.

La eyaculación precoz puede tener diferentes causas. No todo es “estar demasiado nervioso” ni todo es “tener demasiada sensibilidad”. Si el problema persiste, merece la pena mirarlo con calma y sin comerte la cabeza más de la cuenta.

Consejo punk de Lola

Si quieres saber cómo retrasar la eyaculación, no intentes aguantar a la fuerza. Aprende a reconocer cuándo estás llegando al límite, baja una marcha y juega con el ritmo.

Y recuerda: no tienes que durar una eternidad para tener una buena vida sexual, porque el placer de otras personas no debe depender de tu pene, tu virilidad, tu eyaculación. Esto es un constructo socio sexual para la procreación. ¿se entiende ? No te cargues con eso. Se trata de disfrutar y sentir que vuelves a llevar tú el volante.

te abrazo

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