¿Por qué no llego al orgasmo?
12 causas reales ( primera parte )
por Lola Dacosta Sex coach
Hay una pregunta que escucho casi todas las semanas en la tienda y, curiosamente, nunca llega sola. “Lola, tengo un problema. ¿por qué no llego al orgasmo?”. Una pregunta que Siempre viene acompañada de culpa, de vergüenza o de la sensación de que algo no funciona como debería.
Y casi siempre mi respuesta empieza igual.
¿Quién te ha dicho que tienes un problema?
Vivimos en una sociedad que nos ha enseñado a medir el placer como si fuera un examen. Si llegas al orgasmo, todo va bien. Si no llegas, algo falla. Si tu pareja dice que con otras personas sí ocurría, el problema eres tú. Si llevas una temporada sin ganas de sexo, piensas que te has estropeado.
Y no.
La mayoría de las veces no hay nada roto. Lo que hay son demasiados mitos, demasiada presión y muy poca educación sexual.
Después de muchos años escuchando historias muy chungas, he descubierto que las causas suelen repetirse. Algunas son físicas, otras emocionales y otras, simplemente, son consecuencia de todo lo que nos han contado sobre el sexo.
Hoy quiero hablarte de las seis primeras.
1. Crees que el problema es el tamaño del pene
Hace unos días una mujer entró convencida de que ya tenía la respuesta.
—Lola, el problema es que mi pareja tiene el pene pequeño.
Me contó que con su anterior pareja llegaba al orgasmo y que con la actual no. Según ella, la diferencia estaba clarísima.
Pues no.
El placer femenino no funciona gracias a los centrímetros de un pene. Las terminaciones nerviosas de la vagina se concentran en su primer tercio y, además, el auténtico protagonista del nuestro orgasmo es el complejo del clítoris y la próstata femenina ( a lo que tu llamas punto G ). De hecho, muchas mujeres disfrutan más con un pene ligeramente curvado, que con uno muy grande porque estimula mejor determinadas zonas.
Total: que nos han vendido que más grande significa más placer, igual que nos vendieron que el sexo termina cuando termina la penetración. Ninguna de las dos cosas es cierta.
No culpes al tamaño. Empieza por reconocer que conectamos sexo afectivamente de formas distintas según con que persona nos relacionamos. Escucha a tu cuerpo. Algo te esta diciendo que tu no lees, pero se nota en como respondes corporalmente.
2. Sigues creyendo que el orgasmo llega con la penetración
Nos la colaron tan fuertemente de jóvenes ( a mi también ) que creimos que el placer era meter y sacar, complacer y satisfacer a personas con pene mediante nuestra vagina. Incluso nos tragamos lo del punto G y las mujeres pasaron media vida buscándolo. Algunas frustadas porque decían no tener de eso.
Así que es lógico considerar que el orgasmo debería llegar durante la penetración. Pero la realidad es muy distinta. y lo vas a entender con esta regla de tres que he creado:
glande de clítoris= glande del pene
canal vaginal = testículos
¿ Qué ocurre durante la penetración?
Que el glande del clítoris queda disociado del placer, pasa a un segundo plano, y tu placer y orgasmo también.
Todas las mujeres necesitamos una estimulación adecuada del clítoris para alcanzar el orgasmo porque así funciona nuestra anatomía.
Hay personas que descubren esto después de años de frustración. Empiezan a dedicar más tiempo al juego previo, incorporan un buen lubricante porque mejora las sensaciones, prueban un vibrador en pareja o cambian la manera de vivir el encuentro sexual. Y, de repente, aparece un placer que llevaban años buscando en el sitio equivocado.
El orgasmo no entiende de normas. Entiende de estímulos.
Que usaría yo para llegar al orgasmo, en pareja y durante la penetración
ACEITE INTIMO
3. Estás tan pendiente de gustar que te has olvidado de disfrutar
Nunca olvidaré la conversación con una mujer de cincuenta y tantos años que llegó convencida de que tenía un problema porque no conseguía llegar al orgasmo con su nueva pareja.
Le pregunté una sola cosa.
—¿Comparado con qué?
Se quedó callada.
Después me explicó que él le repetía constantemente que con sus anteriores parejas nunca había tenido ese problema. Ella había empezado a pensar que su cuerpo ya no respondía igual.
Mientras hablábamos entendí lo que estaba ocurriendo.
No estaba disfrutando del sexo.
Estaba intentando aprobar un examen.
Quería gustarle. Quería hacerlo todo bien. Quería ser la mujer perfecta. Estaba más pendiente de cómo gemía, de cómo se movía y de si él estaría satisfecho que de escuchar lo que su propio cuerpo necesitaba.
Así es imposible abandonarse al placer.
El orgasmo necesita que dejes de interpretar un papel. No aparece cuando intentas demostrar nada. Aparece cuando, por fin, te das permiso para sentir.
4. Tu cabeza tiene tantas tareas que el deseo ya no encuentra sitio
Hay una frase que repito mucho porque resume perfectamente lo que veo cada semana.
Para que entre el deseo, algo tiene que salir.
Muchas mujeres viven con una carga mental insoportable. Cuidan de los hijos, de la casa, del trabajo, de la economía familiar, de los padres mayores, de las citas médicas, de la compra y, en muchas ocasiones, también de un marido al que siguen teniendo que recordarle hasta dónde están los calcetines.
Y luego se preguntan por qué no tienen ganas de sexo.
¿Cómo las van a tener?
Si tu cabeza está haciendo la lista de la compra mientras tu pareja intenta acariciarte, el problema no es tu deseo. El problema es que no queda espacio para él.
Por eso tantas parejas recuperan las ganas durante las vacaciones. No porque el verano tenga poderes afrodisíacos, sino porque durante unos días desaparecen parte de las obligaciones y, por fin, el cerebro deja de estar sobreviviendo para empezar a disfrutar.
5. El estrés lleva demasiado tiempo viviendo contigo
El deseo no desaparece de un día para otro. Se va marchando poco a poco. Lo hace cuando llevas meses durmiendo mal, cuando todo te preocupa, cuando el trabajo te persigue incluso los fines de semana o cuando sientes que la vida consiste únicamente en apagar incendios.
Nuestro cerebro está diseñado para priorizar la supervivencia. Si interpreta que estás en una situación de estrés constante, no dedica recursos al placer. Bastante tiene con intentar mantenerte funcionando.
Y aquí llega otra mala noticia.
Cuanto menos disfrutas, más presión sientes por volver a disfrutar. Y cuanto más presión sientes, más difícil resulta llegar al orgasmo.
Es un círculo del que cuesta salir.
Por eso cuidar tu descanso, aprender a delegar o encontrar momentos para ti no son lujos. También forman parte de tu salud sexual.
6. Quizá el problema no seas tú. Quizá esté en el botiquín
Esta suele sorprender mucho.
Hay mujeres que llegan pensando que su cuerpo ha cambiado de repente y, cuando empezamos a hablar, descubren que el cambio coincidió exactamente con el inicio de un tratamiento médico.
Algunos medicamentos pueden disminuir el deseo, dificultar la excitación o hacer que el orgasmo tarde muchísimo más en aparecer. Los más frecuentes son determinados antidepresivos, especialmente los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, como la sertralina, el escitalopram, la fluoxetina, la paroxetina o el citalopram. También pueden influir algunos otros antidepresivos, ciertos antipsicóticos, algunos anticonceptivos hormonales y determinados tratamientos para la hipertensión.
Quiero insistir en algo muy importante.
No dejes nunca una medicación por tu cuenta.
Si has notado cambios en tu vida sexual desde que empezaste un tratamiento, habla con tu médico ya que pueden existir alternativas o ajustes que mejoran la situación sin poner en riesgo tu salud.
Porque, a veces, el problema no está en tu cuerpo.
Simplemente estás conviviendo con un efecto secundario del que nadie te habló.
Continuará… porque todavía quedan muchas respuestas
Quiero que te quedes con una idea.
No estás rot@.
La mayoría de las personas que me cuentan estas cosas, realmente piensan que tienen un problema. Sin embargo, casi siempre descubren que lo que realmente tenían eran demasiados mitos, demasiada presión y muy poca información sobre cómo funciona el cuerpo y su placer.
En esta primera parte, te he contado la movida del tamaño del pene, la falsa creencia de que llegas al orgasmo con la penetración, la presión por gustar, la carga mental, el estrés y de cómo algunos medicamentos pueden influir en la respuesta sexual.
Pero todavía quedan otras seis causas igual de importantes.
Hablaremos de la menopausia, de los cambios hormonales, del exceso de estimulación, del desconocimiento del propio cuerpo, del dolor durante las relaciones, de la comunicación con la pareja y de una de las trampas más frecuentes: obsesionarte tanto con llegar al orgasmo que acabas alejándolo.
Porque entender tu placer no consiste en aprender un truco.
Consiste en conocerte mejor.
Te abrazo fuerte:
Lola Dacosta












