El punto G no existe
la verdad anatómica que te han ocultado
por Lola Dacosta Sex coach
Llevamos décadas buscando un mapa del tesoro en el cuerpo de las mujeres, guiadas por un apellido de mediados del siglo XX. Nos han vendido que en algún rincón de la vagina hay un «botón mágico» bautizado como punto G que, con solo encontrarlo, desata fuegos artificiales automáticos y obligatorios.
Como sex coach, te lo digo clara y directamente: el punto G no existe como una estructura anatómica independiente, delimitada y universal que puedas localizar como quien busca el interruptor de la luz.
Lo que durante generaciones nos han vendido como un descubrimiento extraordinario tiene una historia bastante más terrenal, una anatomía compleja y mucha más incertidumbre científica de la que nos han contado.
Es hora de actualizar los apuntes y dejar atrás los cuentos de hadas.
El apellido de un señor que murió en 1957
Para desmontar el mito, hay que ir al origen.
La famosa G viene de Ernst Gräfenberg, un ginecólogo alemán que publicó en 1950 un trabajo sobre la uretra femenina y su relación con la respuesta sexual. Sus observaciones contribuyeron a la historia de lo que décadas después se popularizaría como punto G.
El término «punto G» se difundió posteriormente, en la década de 1980, a partir del apellido de Gräfenberg.
Y aquí empieza lo interesante: que una zona del cuerpo reciba un nombre no significa que se haya demostrado la existencia de una estructura anatómica independiente con límites precisos.
¿En serio seguimos buscando un botón secreto porque alguien describió una región que consideraba relevante para el placer?
La ciencia avanza, la anatomía se estudia y la sexología evoluciona. Nuestros cuerpos no tienen por qué encajar en un mapa dibujado hace décadas.
La vagina no es un túnel del placer (para nosotras. Para ellos si )
Lo pillas?
La obsesión por el tamaño y la profundidad, han hecho creer que cuanto más profundo, mejor, como si la vagina fuera un túnel interminable que nos llega a la faringe, lleno de terminaciones nerviosas , bien hidratado para ser penetrado, embestido, conquistado…
Pero la anatomía y la respuesta sexual no funciona así.
La sensibilidad vaginal no es uniforme. Si dividimos el canal vaginal en tres solo siente la primera parte. la más externa. Y sino, dime : sientes el cérvix ahora? pues no señora.
El clítoris, el introito vaginal y los tejidos que rodean la uretra son los que desempeñan el papeles principal en la respuesta sexual.
Por eso, la profundidad no garantiza más placer, y un pene grande tampoco es un requisito para alcanzar el orgasmo.
No existe una medida universal del placer ni una profundidad mágica que funcione para todas las mujeres.
Dejemos de convertir la anatomía en una competición de centímetros. El cuerpo no es una obra de ingeniería diseñada para satisfacer una marca personal de penetración.
Entonces, ¿qué es la zona G?
Aquí está la diferencia que importa.
Una cosa es hablar del punto G como si fuera una estructura anatómica independiente, con una localización exacta y universal. Otra muy distinta es hablar de la zona G, una región de la pared anterior de la vagina que algunas personas describen como especialmente sensible cuando reciben determinados estímulos.
Esa sensibilidad puede estar relacionada con la interacción de distintas estructuras anatómicas próximas, entre ellas el clítoris, la uretra, las glándulas parauretrales o de Skene y los tejidos circundantes.
No estamos hablando necesariamente de un botón aislado, sino de una región anatómica compleja.
Y tampoco todas las mujeres experimentan las mismas sensaciones, ni necesitan estimular esa zona para disfrutar, excitarse o llegar al orgasmo.
Porque no, querida: si no encuentras tu supuesto punto G, no significa que estés rota, que no conozcas tu cuerpo o que te falte práctica. Quizá el problema sea que llevas demasiado tiempo buscando una pieza anatómica como si todas las personas vinieran con el mismo manual de instrucciones.
¿Y qué tiene que ver todo esto con el squirting?
La relación entre la zona G, las glándulas parauretrales y el squirting es uno de los temas que más preguntas genera.
Las glándulas de Skene forman parte de la anatomía parauretral femenina y tienen relación con la próstata femenina, una denominación utilizada en la literatura científica para describir estas estructuras y sus características.
Sin embargo, conviene distinguir entre la anatomía de estas glándulas, la estimulación de la pared vaginal anterior y los mecanismos implicados en la emisión de líquido durante la respuesta sexual. Son cuestiones relacionadas, pero no son exactamente lo mismo.
Si quieres entender qué estructuras intervienen, qué sabemos sobre el squirting y qué diferencias existen entre las distintas respuestas corporales, aquí tienes la siguiente lectura.
[Zona G y squirting: cómo funciona la próstata femenina y el placer profundo]
Menos mitos, más anatomía
El problema nunca ha sido que las mujeres no sepamos buscar. El problema es habernos contado que existe un botón mágico que tenemos que encontrar para demostrar que conocemos nuestro cuerpo.
EL problema esta en hacernos creer que solo otra persona ( habitualmente hombre ) puede alcanzarla. Solo él puede llevarnos al orgasmo
El placer no es un examen de anatomía, ni una competición, ni una obligación de alcanzar un orgasmo de una manera determinada.
Y mira, si quieres probar algo para el primer tercio vaginal, pequeño, que te lleve a investigar el punto G y el squirt, mira Lollapalooza:
Conocer el cuerpo ayuda. Entender sus estructuras, también. Pero convertir una región sensible en una promesa universal solo genera expectativas que no tienen por qué corresponderse con la experiencia real.
Así que vamos a dejarlo claro: no necesitas encontrar un punto mágico para disfrutar de tu cuerpo. Necesitas información rigurosa, curiosidad y libertad para descubrir qué te funciona a ti.
A gozar se aprende con ciencia y sin complejos.
— Lola Dacosta

















