Qué juguete erótico regalar a tu pareja

aunque no sea San Valentin

por Lola Dacosta
sex coach

No hace falta que sea San Valentín ni una fecha marcada en el calendario para regalar placer. Regalar un juguete erótico a tu pareja no va de cumplir con una ocasión especial, va de intención. De decir “me importas”, “me apetece cuidarte” o simplemente “quiero que juguemos distinto”. Y eso puede pasar cualquier martes.

Cuando alguien se pregunta ¿qué juguete erótico regalo a mi pareja?, casi siempre piensa en el objeto, pero rara vez piensa en el cuerpo. En cómo os tocáis, en qué posturas os resultan cómodas, en dónde suele quedarse corto el estímulo o en qué momentos el placer pide un poco más de ayuda. Ahí es donde elegir bien marca la diferencia.

Regalar un juguete erótico no va de sustituir el sexo ni de “mejorarlo”, va de acompañarlo. De sumar sensaciones sin romper la conexión.

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El juguete como aliado del cuerpo, no como protagonista

Uno de los errores más típicos al regalar juguetes sexuales es elegirlos sin pensar en cómo se van a usar de verdad. Truco infalible: pensá en las posturas que más repetís y en qué tipo de estimulación queda colgada o necesita refuerzo.

Cuando el juguete encaja con la postura, no molesta ni corta el rollo. Fluye.

Por ejemplo, en una postura enfrentada —ella sentada en la cama y la otra persona de rodillas— hay miradas, cercanía y mucha conexión. El cuerpo está abierto, las manos libres y el ritmo es íntimo. Pero mantener una estimulación constante del clítoris sin romper el movimiento no siempre es tan fácil.

Aquí un succionador pequeño lo rompe. Es discreto, no invade, deja espacio y da una estimulación precisa que no depende del vaivén. No roba foco: acompaña. Perfecto para regalar si querés sumar placer sin cargarte la magia.

En posturas desde atrás hay más profundidad, pero menos acceso cómodo al clítoris. Ahí los vibradores compactos o los anillos vibradores son aliados brutales: añaden estímulo sin cambiar la postura ni cortar el ritmo.

Si vuestra dinámica es más física y directa, pero querés meter más capas de placer sin complicarlo todo, este tipo de juguetes tiene todo el sentido.

En posturas tumbadas, con los cuerpos apoyados y el ritmo lento, el placer es más profundo y sostenido. Aquí van de lujo los juguetes de vibración suave y continua: acompañan sin exigir nada. Un vibrador versátil o un estimulador externo sencillo puede cambiarlo todo sin imponerse.

Es el regalo perfecto para parejas que disfrutan del sexo pausado, del contacto largo y la conexión tranquila.

Y cuando entra el juego de la anticipación y el dejarse llevar, los juguetes con control remoto son dinamita: permiten manejar ritmo y sorpresa sin grandes movimientos. No es control forzado, es presencia y complicidad.

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Elegir bien es pensar en cómo os encontráis

Pensar en posturas y estimulación al elegir un juguete no es técnico, es puro fuego: significa que miras, que escuchas y que elijes desde el cuerpo, no desde la moda.

Un buen juguete no compite con el sexo. Lo acompaña, lo potencia y, cuando encaja, casi desaparece. Solo queda el placer.

Y eso, como regalo, se recuerda mucho más que cualquier detalle comprado por salir del paso.

Regalar placer cuando aún os estáis descubriendo

Cuando una relación está arrancando, el juguete no viene a imponerse. Viene a acompañar.

No se trata de ir a lo extremo, sino de abrir juego sin presión ni expectativas raras.

Funcionan los que se integran sin invadir, los que permiten seguir mirándose y explorándose. Regalos que dicen: “esto suma, no sustituye”.

En esta fase, el juguete es un cómplice silencioso: para usar juntos o a solas, sin examen ni performance. Solo placer compartido, sin ruido.

Cuando ya hay confianza y quieres subir el voltaje

Aquí cambia el juego.

Cuando ya os conocéis, cuando hay conversaciones pendientes de profundizar o cuando simplemente apetece romper la rutina, el juguete erótico se convierte en un activador de fantasías.

Regalar placer en este punto es decir: “me apetece verte disfrutar”, “quiero explorar contigo” o incluso “vamos a follar distinto”.

Ya no se trata de suavidad, sino de intención.

Los juguetes pensados para pareja funcionan especialmente bien aquí porque no roban protagonismo al encuentro, sino que lo amplifican. Se convierten en una extensión del cuerpo, no en un tercero incómodo. Y permiten descubrir nuevas formas de excitarse sin necesidad de saberlo todo desde el principio.

Regalar un juguete erótico también es regalar permiso

Una de las cosas más potentes de regalar un juguete erótico es que normaliza el deseo.

Dice: “puedes sentir, puedes explorar, puedes pedir”.

Muchas personas llegan a su vida adulta sin haberse preguntado qué les gusta de verdad. Un juguete bien elegido puede ser el inicio de esa conversación interna o en pareja. No hace falta que venga con instrucciones ni discursos solemnes. Basta con que esté ahí, disponible, sin juicio.

Por eso, regalar placer no va solo de orgasmos. Va de cuerpo, de curiosidad y de quitarle dramatismo al sexo.

Cuando el regalo es para disfrutar en pareja

Hay juguetes que están pensados claramente para el encuentro. Para usar mientras os tocáis, mientras os miráis, mientras os reís incluso.

Son regalos que no funcionan igual en solitario, porque su magia está en la interacción.

Este tipo de juguete tiene algo muy bonito: obliga a comunicarse. A ajustar ritmos, intensidades, tiempos. A estar presentes.

No se trata de llegar rápido, sino de disfrutar del proceso.

Aquí el juguete deja de ser un objeto y se convierte en una experiencia compartida. Algo que recordáis después. Algo que se repite. Algo que evoluciona.

Regalar placer cuando hay cambios en el cuerpo

No todas las etapas vitales se viven igual sexualmente. Y regalar un juguete erótico también puede ser una forma de cuidado.

Cuando hay sequedad, dolor, cambios hormonales o simplemente menos ganas de penetración, el juguete puede ayudar a reconectar con el deseo sin exigencias. A disfrutar sin prisas. A volver al cuerpo desde un lugar amable.

En estos casos, el mejor regalo no es intensidad, sino atención. Algo que permita explorar sin presión, que acompañe y que devuelva la sensación de control sobre el propio placer.

Regalar así es profundamente erótico, aunque no lo parezca a simple vista.

El error más común al regalar un juguete erótico

Pensar que sabes lo que le va a gustar a tu pareja sin haberlo hablado nunca. El juguete no debería ser una imposición ni una indirecta rara. No es una prueba, ni un reto, ni una expectativa. Es una invitación. Por eso, a veces el mejor regalo no es el juguete en sí, sino la conversación que lo acompaña. El “me apetecía que jugáramos con esto”, el “si no te gusta, no pasa nada”, el “lo abrimos juntos cuando quieras”.

Ese contexto lo cambia todo.

Regalar sexo no es regalar presión

Un juguete erótico no tiene que usarse el mismo día.

No tiene que provocar orgasmos inmediatos.

No tiene que cumplir ninguna fantasía concreta.

Regalar placer es ofrecer una posibilidad, no exigir un resultado.

Y cuando se entiende así, el juguete deja de dar miedo y empieza a generar curiosidad. Que es donde realmente empieza el buen sexo.

Por qué regalar un juguete erótico es un acto político (sí, también)

Porque sigue habiendo vergüenza.

Porque seguimos educándonos con porno y silencios.

Porque todavía hay quien piensa que el placer se improvisa.

Regalar un juguete erótico es decir: el cuerpo importa, el deseo importa y aprender también es sexy.

Y eso, sinceramente, es un regalazo.

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